-¿Miedo, yo de ti?
-Sí, Emma…
Miedo.
-Ja… ¿Por qué se supone que te tendría miedo?
-No lo sé…
Volvió a caminar hacia mí. Pero yo ya no tenía hacia dónde caminar o retroceder.
Se acercó poco a poco hasta estar justo frente a mí.
Tragué saliva, nuestros cuerpos estaban muy cerca y mi respiración era entrecortada, acercó sus labios a mi oído.
-¿Por qué te pones nerviosa?
-No estoy…
Pegó su cuerpo al mío y comenzó a rozar mi cuello con la punta de su nariz.
-Yo no estoy…
-¿No está qué, Emma?
¿Excit