Pero yo sabía muy en el fondo, que lo que sentía por Vlad era, cariño, él me había tendido la mano cuando lo necesitaba, había sido esa luz de esperanza en medio de un camino lleno de oscuridad, y estaba agradecida con él, quería amarlo, pero había algo que no me lo permitía, algo que Amor me recordaba todos los días al ver sus profundos ojos azules, su naricita y sus pies planos.
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El tiempo se fue volando, mi pastelería se convirtió en un éxito en la ciudad, tuvimos que contratar personal para que me ayudara tanto en la pastelería como en casa, personal entrenado, al parecer eran una especie de guardaespaldas retirados, Vlad se encargó de entrevistarlos, dijo que no quería dejar una sola posibilidad de que Nath pudiera tener acceso a nosotras, lo agradecía profundamente, pero ya me estaba cansando de ser la dulce Emma con la que todo el mundo tenía que cargar y a la que todo el mundo tenía que cuidar de nuevo y sobre todo, no me gustaba vivir gratis.
Vlad había puesto la pastele