Una voz gruesa me tomó por sorpresa, ¿en qué momento el doctor había vuelto?
Estaba en el marco de la puerta, la cerró y caminó hacia mí.
-Vlad, no es momento para molestarla.
-Descuida Vik, ya no estoy molesto.
Una disculpa por lo que hizo mi tía y por mí.
-No se preocupe, todo está bien.
¿Cuándo puedo irme?
Me miró con una media sonrisa burlona.
-¿Ya conseguiste para pagar tus gastos médicos?
Negué avergonzada.
-Llamaré a un amigo y le pagaré sus honorarios.
-¿Y ese amigo fue el que sólo te dio para un boleto de avión?
Me mordí el labio.
-Supongo que no tenía más.
La gente rica no maneja efectivo a diferencia de la gente como yo...
¿Usted maneja efectivo?
-... Ja.
Pudo haberte transferido, ya sabes...
-Lo último que quiero es que alguien sepa dónde estoy y a dónde voy, una tarjeta le haría las cosas más fáciles a quiénes me buscan y ya que estuvo atento a la historia que le conté a la doctora Viktoria, no necesito explicarle por qué no deseo ser encontrada.
-¡Vaya!
Aplaudió.
-Pensé