Alguien tocó la puerta de mi habitación.
¡TOC, TOC!
-Adelante...
Me tensé.
-Hola Emma.
-Señora Keller...
-¡Oh no, cariño, llámame Alana!
La señora Keller eres tú.
Negué con la cabeza y aunque contuve el llanto lo más que pude, no pude evitar derramar algunas lágrimas.
-Yo no soy la señora Keller, nunca lo he sido, nunca lo seré.
-Emma... Hija.
-¿A qué ha venido señora Alana?
-Yo...
Ay... Supe lo que ocurrió con tu pastelería y también...
Me miró con vergüenza.
-Supe lo que Adam te hizo...
-Entonces sabrá que nos divorciaremos.
-Así es...
Es por eso que estoy aquí.
La miré con repulsión, Alana Keller me pediría algo.
-¿Qué es lo que quiere?
-Quiero que hagamos un acuerdo tú y yo.
-¿Usted y yo?
¿Qué clase de trato podría hacer yo con Alana Keller?
-Ay...
La señora Alana y yo discutimos un rato y después se marchó, fui dada de alta y también lo hice, me fui.
No tenía nada, no tenía a nadie, no quise darle más problemas a Helen así que no la llamé, me fui directo a casa de mis padres y en