-¿Tiene cita con el señor Keller?
-Ah, mmm...
No.
Lamento venir sin avisar, no obstante...
-No obstante, si usted no tiene cita no puede pasar a ver al señor Keller.
Me interrumpió.
Me mordí el labio, vaya hostilidad de la mujer.
-¿Podría llamarlo y decirle que su esposa está aquí?
Estaba intentando ser amable y educada con ella, me miró con la ceja levantada, levantó el cuello y me habló con altivez.
-Señorita, perdón...
Señora...
En esta empresa no importa esposa de quién sea, si no tiene cita no puede pasar, además, no sé si lo sepa ya que hasta donde yo sé usted no se dedica a nada...
Pero el señor Adam Keller es un hombre muy ocupado, TRA-BA-JA, no sólo está sentado en su oficina haciendo uso de su apellido, así que no tiene tiempo para reuniones ridículas y visitas de su esposa.
Lo último lo dijo con una voz burlona, no me veía como la esposa de Adam Keller, no creía que yo valiera eso para él.
Me molesté.
-Venga cuando tenga una cita, eso si el señor desea recibir