Adam me ayudó con el vestido y yo lo ayudé con su ropa, nos entregamos el uno al otro en esa playa, no me importaba si alguien nos estaba observando o no, muchas cosas habían dejado de importarme desde que estábamos juntos.
Cerré mis ojos mientras me hacía suya, me invadía con su miembro y me penetraba una, otra y otra vez.
Terminamos agotados y agitados tendidos sobre las sábanas blancas, podía ver las sombras a través de las sábanas de la "tienda de campaña" seguramente así nos veíamos nosotros desde la distancia, dos sombras que se pertenecían, que se hacían el amor.
Dormimos tranquilos sin importar más nada.
Nadie reclamó por los gemidos, nadie se quejó, nadie nos llamó la atención, podría acostumbrarme a hacerlo así si este sería el resultado siempre, despertar con él durmiendo a mi lado, con su rostro sereno y pasivo, con sus brazos rodeando mi cuerpo y sus piernas entrelazadas con las mías.
-Buenos días gordita hermosa...
-Buenos días Adam...
¿Cómo amaneciste?
-Excelente