Esa noche cenamos en un restaurante que Adam había reservado, al entrar todo el mundo nos miraba, fingí que no lo notaba, pero era demasiado obvio, muchas chicas no me quitaban los ojos de encima y cuando nuestras miradas se cruzaban levantaban las cejas y rodaban los ojos.
Fuimos llevados a una mesa en la terraza de aquel restaurante, desde ahí se observaba la hermosa y tranquila playa.
Ordenamos y mientras esperábamos la cena Adam inició la conversación.
-Emma mi amor.
-Dime...
-Cuando volvamos quiero me acompañes a ver algunas propiedades.
-¿Estás buscando más lugares para poner más locales?
-No...
Negó con la cabeza y sonrió.
-No esa clase de propiedades mi amor, quiero que tengas una casa, una para ti sola, puede parecer absurdo y puede que en este momento creas que no es necesario o pienses que no se te ocurriría ni te pasaría por la cabeza en ningún momento aislarte por completo o alejarte unos días de mí, del trabajo, de todo, pero podría suceder, en mi experiencia, di