El tiempo corría a una velocidad vertiginosa. Tanta que sentía que mi fecha de escape estaba más cerca, aun así, debía ser realista y asumir que ni por mitad de año íbamos todavía. No estoy en mi lugar favorito, pero de poco a poco se superaban las situaciones de crisis.
Tratando de vivir mi vida en prácticamente cautividad, me la pasaba limitada a mis responsabilidades que eran atender a mi hija siendo su madre y atendiendo a Leonor siendo su acompañante. Lo primero era lo mismo que llevaba ha