Harper, al ver la intromisión injustificada de su esposo en medio de la conversación arqueó las cejas en una clara señal de molestia e indignación.
Ella se dio vuelta y continuó hablando por el teléfono, ignorando las señas de Austin y disponiéndose a fijar la hora exacta con Alejandro.
Viendo que ella no pensaba ceder, la posesividad de Austin se desbordó por un impulso natural que salió desde lo más profundo de su ser.
Estiró el brazo con agilidad, tomó a Harper completamente desprevenida,