Austin se quedó congelado en medio de la acera, sus ojos continuaban fijos en el punto exacto donde la figura de Harper se había perdido entre la multitud.
Sentía el viento golpearle la cara, pero por dentro era sacudido por una oleada de emociones, aquellas que no se permitía volver a experimentar.
Se cuestionó, quería estallar de coraje, pero esta vez en contra de sí mismo, todo por no permitirse dejar llevar por lo que en realidad sentía.
«¿Por qué me duele tanto?, ¿por qué las palabras de