Sus amigas eran insuperables y, si bien, le hacían pasar buenas vergüenzas, estaba eternamente agradecida de tener chiquillas tan libres y seguras a su lado.
—Lidia me mintió —se rio Margarita—. Aguantó dos en una noche.
—¡Dos! —exclamó July, ofendida—. Ni mi chino pito corto aguanta dos —protestó y se puso las manos en las caderas, viéndose ofendida.
Margarita se rio y Paula también, pero se callaron en cuanto Lucca salió del cuarto de baño con una toalla de La Sirenita anudada en las caderas.