Las tres amigas no dudaron en correr de regreso al pueblo y revisar todos los cafés y restaurantes que el lugar poseía. No eran muchos, puesto que tampoco se trataba de una zona grande. Los turistas hicieron peor su búsqueda, pero no menos exitosa.
Para su desgracia y para el futuro de Santa Marta, encontraron al hombre reunido con el padre de Lucca y con Lidia.
Margarita supo que habían perdido el juego y la guerra.
—Esa malnacida —rugió Paula escondida detrás de un arbusto.
—Es culpa de Lucca