Margarita miró por encima de su hombro y luego volvió a bajar su mirada. La clavó en el césped bajo sus pies y miró el anillo que Lucca le había obsequiado el día de su boda.
Era terrible presenciar una boda de su propio esposo. Los ojos se le llenaron de lágrimas.
Lucca se acomodó junto a su padre, con la frente en alto y desde su posición le dijo:
—Sé que te acuestas con mi novia —afirmó y su padre le miró con horror—. Y sé que le quitaste el puesto a Margarita para esconder el robo que le es