Margarita se subió en el taxi a ojos cerrados y no le importó la ruta desconocida que el vehículo tomó. Ella confiaba en Lucca y en sus nuevas decisiones y se sentó a su lado en la parte trasera del vehículo sin dejar de pensar en lo ocurrido.
Si bien, durante los primeros minutos viajó tensa, pues aún podía sentir la adrenalina recorriendo su cuerpo, se fue relajando poco a poco a medida que se alejaron del pueblo en el que ella había crecido.
Los primeros diez minutos viajaron en silencio. Lo