—Abigail… —susurró, con un nudo en la garganta. Recordó su rostro pálido. Su debilidad. Su fragilidad. —Está enferma…
Las palabras la golpearon con una brutalidad insoportable, su hija, su pequeña que quizás la necesite. Mientras ella si siquiera sabía que existía, un sollozo desgarrador escapó de