El silencio seguía suspendido entre ellos, pesado, inquietante. Cargado de todo lo que ya se había dicho… y de todo lo que aún no. Helen permanecía de pie, erguida, con esa dignidad que nunca abandonaba, pero su cuerpo… su cuerpo empezaba a traicionarla, primero fue leve, un mareo. Casi imperceptible. Como si el suelo se desplazara apenas bajo sus pies. Luego, las náuseas. Subieron despacio, como una ola silenciosa que avanzaba sin aviso.
Su estómago se contrajo. Su respiración se volvió irreg