Qué hombre más aterrador y más hábil.
Adara se mojó los labios con anticipación y algo de ilusión. El tan temido líder de la mafia rusa, de la Bratva, le acababa de dar un orgasmo casi literalmente de fuera de este mundo, y ahora también necesitaba cuidar de él, no por obligación o compromiso, sino porque a ella le nacía hacerlo. Ella lo deseaba. Porque él aún no se había venido. O al menos creía que no lo había hecho.
Con sus manos ahora ya libres por fin, se sujetó de sus musculosos hombros