Capítulo 68
La tarde se estiró como si supiera que la necesitábamos. Después del desayuno, Sebastián se encerró un rato en su despacho y yo volví a mi habitación nueva como quien regresa a un lugar que siempre ha estado esperándome.

Cerré la puerta con suavidad. El clic sonó definitivo, pero no pesado. Encendí
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