Mi mamá miró a mi papá, preocupada, como si temiera que la conversación se saliera de control.
—Amor, cálmate. Son jóvenes. Cometen errores.
Pero mi papá no se calmaba. Se levantó del sofá, paseando por el salón con las manos en los bolsillos, como hacía cuando estaba procesando algo grande.
—Tres a