Se quedó ahí un segundo más. Luego, sin esperar respuesta, volvió a su taburete, tomó el tenedor y siguió comiendo como si no acabara de dejar una bomba en medio de la cocina.
Yo me quedé petrificada, con la mano todavía temblando cerca de la boca donde había rozado mi labio. No pude mirarlo. Ni un