Sus ojos se encontraron con los míos. No había sorpresa en su expresión, solo una calma calculada, casi compasiva.
—No te enojes con él, Chloe —dijo en voz baja, como si estuviera explicando algo obvio a una niña—. Fue culpa de Richard. No aceptó cerrar el trato sin alcohol de por medio. Empezaron