Mamá y yo nos quedamos mirando la puerta cerrada un rato más, como si Sebastián fuera a reaparecer con esa sonrisa torcida diciendo “ya está, todo arreglado”. Pero no volvió. El pasillo se llenó del olor a desinfectante y del eco lejano de un carrito de medicamentos.
Le escribí primero a las 21:14, solo algo corto
Yo: Todo sigue estable. Saturación 97. ¿Cómo vas por allá?”
Nada. Ni visto. Pensé que estaría hundido en el código, teléfono en modo no molestar. A las 23:47, cuando el hospital ya es