CAPÍTULO 119
El hospital todos estábamos en silencio, nadie era capaz de decir nada de lo que se había proyectado en la pantalla.
Julián no dejaba de llorar. Estaba sentado con los codos sobre las rodillas y la cara cubierta con las manos.
Larios estaba de pie frente a nosotros con los ojos rojos también llenos de lágrimas, estaba herido por lo que había pasado y decidió romper el silencio.
—Solo les pedí unos meses —dijo mirándonos a los dos con una mirada llena de decepción que me hizo bajar