Todos estaban paralizados, aunque ya sospechaban, pero les tomó por sorpresa. Giovanni apretaba su mandíbula, él creía que era su amigo, pero le traicionó. Todo era un puto teatro y todos le creyeron. Giovanni cerró sus ojos con fuerza y todo lo que había en la mesa del escrito lo tiró al suelo, la ira se apoderó de él.
—¡Maldito hijo de puta! — gruñó enfadado. —Todo era su plan.
—Giovanni cálmate. — le dijo Franco.
—¡No! — respondió alterado. —¡Lo voy a matar como una cucaracha! Carlotta y mi