Carina estaba paralizada, perdida en las palabras que Mariano había soltado, había recordado. Mariano la miraba con una mirada sería, sabía que la había dado en su punto más débil.
—¿Has recordado? — él no contestó, la seguía mirando. —Respóndeme. — él caminó hacia ella, y se puso a centímetros de su rostro.
—No del todo, pero si sé, que te encontraste con ese hombre en el despacho. — ella negó. —Me dices a mí que soy un maldito. ¿Y, tú? Trajiste a tu ex a mi casa.
—Yo no lo traje, él vino por