Amir observaba desde la cocina, su primo tenía una expresión preocupante.
Elena, por otro lado, parecía perdida en su mundo, con los ojos rojos y húmedos. Nadie hablaba, y la tensión dentro del apartamento era casi palpable.
Mientras se preparaba un café para el y un té para Elena, Amir comenzó a repasar mentalmente posibles escenarios. El rey no solo era un hombre terco y orgulloso; era calculador. El desafío de Hades podría ser visto como una afrenta pública, algo que requería una respuesta c