Al amanecer, Elena se desperezó entre las sábanas de seda, sintiendo la calidez del cuerpo de Hades a su lado. Él la observaba con una sonrisa adormilada, su cabello ligeramente despeinado y una expresión de pura adoración.
—Buenos días, amor mío —murmuró Hades, dejando un beso suave en su frente.
—Buenos días. ¿Cómo es que tú siempre te despiertas antes que yo? —pregunta ella, sonriendo mientras se acurrucaba contra su pecho.
—Debe ser instinto alfa —bromeó él, acariciándole el cabello.
Ambos