Elena, la chica que había sido siempre tan segura de su lugar en el mundo, ahora se encontraba en medio de una tormenta de emociones.
Las aguas comenzaban a calmarse lentamente, aunque aún no podía ver con claridad hacia dónde se dirigía. Pero una cosa era cierta: en ese momento, no estaba sola.
De pronto, alguien llamó a la puerta. Y todos volteamos al instante. Era un golpe firme, pero no agresivo. Macarena se acercó, aún perdida en sus pensamientos, para abrirla. Al hacerlo, se encontró con