Ella había insistido en dormir con él sin imaginar que su cuerpo empezaría a burbujear de una manera increíble. Su aliento y presencia tan cerca la hacían vibrar y le daban apetito sexual a tal punto, que sentía su vagina contraída y no sabía cómo actuar.
Esto la hacía dar vueltas en la cama y no encontrar comodidad de ninguna manera.
—¿Estás incómoda?
—Para nada. —respondió de inmediato sintiéndose descubierta.
—Es que te está moviendo mucho en la cama y como estás acostumbrada a dormir sola,