Todo estaba preparado para iniciar la lectura, pero las manos de la joven empezaron a temblar.
—¿No quieres hacerlo? —preguntó al notar su evidente inseguridad.
—Ya lo he aceptado, pero eso no evita mi ansiedad.
—Igual eso no te obliga a nada, pues somos dueños de lo que queremos callar.
—También somos esclavos de lo mismo, pues si no enfrentamos lo que sentimos, entonces nos toca sufrirlo cada día en silencio.
—Esto es lo que me hace sentir cómodo estando a tu lado, pues conoces perfectamente