18. ¡Sí, de paseo!
Martha
Volver abrazar a mi hijo se sentía como un cargador de energía en mi alma, definitivamente era lo que necesitaba para sentirme viva, sentir que aun respiraba, que no estaba muerta y que definitivamente no era un sueño todo lo que estaba viviendo.
—Mami ¿Y dónde está papi? —fue lo primero que preguntó mi niño viendo a los lados y notando que no había nadie más —¿papi vino contigo?
Mi alma se marchitaba cada vez que lo escuchaba preguntar por su padre.
—Mi amor, tengo que hablar contigo