Anabela despertó con una patada fuerte en las costillas cortesía del bebé que parecía decidido a practicar fútbol cada mañana a las ocho en punto, a sus siete meses de embarazo su barriga era tan grande que apenas podía ver sus pies y levantarse de la cama requería una maniobra coordinada que Max había perfeccionado después de semanas de práctica.
—Buenos días a ti también —murmuró tocando su estómago donde había sentido la patada—. Ya sé que estás ahí, no necesitas recordármelo tan agresivamen