Capítulo 78.
Catalina se encuentra en la que había sido su habitación por demasiados años.
Las modificaciones que había sufrido, ese lugar que siempre había considerado suyo y siempre iba a ser suyo, eran una inmensa falta de respeto.
¡Pas!
La puerta se cierra de forma contundente.
León Pacheco había llegado a la habitación.
— ¿Por qué, madre? ¿Por qué lo hiciste?
Catalina se gira con porte imponente, observando con desdén y una especie de cariño maternal a León.
Y le sonríe como si fuera aun un niño pequeño.
— Siempre he cuidado de ti, cariño, y esa mujer no es buena.
En ese momento Catalina siente que ha regresado en el momento justo para poner todo en su sitio.
— Tú no lo decides. Eso no forma parte de tus responsabilidades, madre. Yo he elegido…
— No… Espera…. — Dice Catalina de forma contundente interrumpiéndolo— Siempre he decidido las cosas importantes por ti.
Los pasos hacia León eran una pauta de peligro, una insinuación que debe rendirse.
León cierra los ojos.
— No lo olvides.— Declar