Capítulo 31.
— ¡Aaaghh!
Aitana está gritando al mismo tiempo que se talla los ojos frustrada en su pequeña y macabra oficina.
— ¿Tenía que ser tan estúpida como para ponerme a tú por tú con Amelia? ¡Por supuesto que lo soy…!— declara ella en medio de gritos, al mismo tiempo que arroja su tableta a la mesa.
Tenía una semana, una semana metida en esa pequeña oficina.
Había perdido el color de la piel, no había visto el sol brillando todos esos días.
El aire en esa oficina se sentía viciado, cargado de café frío y comida olvidada. Sus hombros dolían, sus muñecas ardían por la tensión constante, y aun así, no lograba separarse de la pantalla. Era como si detenerse significara aceptar que había fallado.
— Esto no puede ser, solo tengo la base.
No era falta de ideas, era algo peor: sabía exactamente lo que quería crear, pero no encontraba el camino correcto para llegar ahí. Y el tiempo, implacable, seguía avanzando sin esperarla.
— Y ya pasó una semana. A este paso la maldita desgraciada de Amelia va a t