Capítulo 132.
León continúa aferrándose a los intentos repetidos de liberarse del agarre de las muñecas.
Su piel arde, sin embargo, no está dispuesto a verse sobrepasado por la incertidumbre.
En el momento en el que la pequeña cuerda cede al agarre, se levanta desesperado y lo único en su mente es…
— Aitana... — Jadea nervioso.
Corre a la habitación, la abre, encontrándola completamente vacía.
— ¡¿Dónde estás, cariño, cariño, dónde estás?! —grita desesperado una y otra vez al mismo tipo que se dirige al cua