Helena
Decir que tengo el corazón destrozado es poco. Derek conduce su auto mientras yo sigo llorando en silencio, agradeciendo que su prudencia le impida hablar. Cuando llegamos, escucho que me dice:
—Llegamos, Lena. ¿Estás segura de que quieres estar aquí? —me pregunta, aún dudando.
—Sí, Derek, déjame quedarme en tu departamento hasta que pueda estabilizar mis emociones y no alterar a Carmelita con mi llanto.
—Está bien, sabes lo mucho que te aprecio. Eres como una hermana