—¡Cállate! ¡¿Tú también?! ¡¿Echando sal en mi herida a propósito?! ¡¿Quieres que te despida?! —rugió Lorenzo furioso antes de colgar.Al otro lado, Aurelio miraba el teléfono sin saber qué decir...
Solo ahora que había perdido a su esposa por su propio comportamiento se daba cuenta de lo que valía. Rabia impotente que ya no podía remediar nada.
Mientras tanto, junto al edificio comercial.
Aunque cada minuto que pasaba hacía más evidente que no vería a Marisela ese día, Lorenzo esperó hasta las di