En lugar de enojarse, Lorenzo curvó sus delgados labios con interés. Ninguna mujer se había atrevido a desafiarlo así, pero Celeste lo hacía, y Lorenzo no solo no se ofendía, sino que lo encontraba divertido. El tono despreocupado de Lorenzo encendió la ira de Celeste:
—Lorenzo, Viviana no tiene rencor contra ti. ¡Ella es inocente! ¿De verdad quieres hacerle daño?
Como una leona enojada, Celeste se volvió aún más encantadora, y Lorenzo se sintió cada vez más complacido por sus reacciones. Extend