—Celeste, ¿por qué me citaste aquí? ¿Qué está pasando? —preguntó con su voz profunda y calmada, aunque ahora su tono la confundía, sus sentidos distorsionados.
Celeste apenas podía distinguir sus rasgos. Solo veía la figura de un hombre frente a ella, con una altura y postura familiar, pero todo se mezclaba en su mente.
Dando pasos torpes, se acercó a él, pero antes de que pudiera reaccionar, sus piernas cedieron y comenzó a caer.
—¡Celeste, ¿estás borracha?! —exclamó Jacob, moviéndose rápido pa