Celeste tembló; después de tanto tiempo juntos, sabía muy bien lo que él quería en esos momentos. Con los ojos abiertos de par en par, susurró: —No, estoy muy cansada...
Hoy, de hecho, tendría que guardarle un poco de energía.
Lorenzo, con la mirada fija en sus labios hinchados, dejó escapar una chispa de deseo en sus ojos oscuros. —Entonces usa esto —dijo, señalando sus labios.
Toc, toc, toc.
De repente, tres golpes suaves en la puerta rompieron el ambiente cargado de tensión.
Lorenzo frunció e