Capítulo 429
Medianoche.

Celeste, agotada, se había quedado profundamente dormida.

Lorenzo, vestido con una bata de baño, se encontraba de pie junto a la cama, observándola por un momento. Luego, con cuidado, le acomodó la manta, y sus dedos largos y elegantes rozaron suavemente su delicada barbilla antes de dirigirse hacia la puerta.

Al llegar a su estudio, Lorenzo se sentó en la silla frente a su escritorio y sacó su teléfono para hacer una llamada.

—Hijo, ¿a qué debo el honor de que me llames?

La voz de O
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