Capítulo 400
Celeste miró hacia donde había venido el estruendo y vio una pistola negra en la mano esquelética de Samuel. Su piel pálida formó un inquietante contraste con el metal frío y oscuro.

Marina ya yacía en el suelo, su rodilla derecha ya estaba destrozada, con la carne y los huesos casi irreconocibles y la sangre brotando sin parar. Su rostro estaba tan pálido como el papel, solo se abrazaba la pierna, gritando desgarradoramente y retorciéndose en el suelo por el dolor.

¡Nadie se esperaba que esto s
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