El corazón de Celeste latía con fuerza, y su respiración también se puso un poco irregular, mordiéndose los labios, sin decir nada.
—Complaceme —la voz grave de Lorenzo estaba llena de órdenes autoritarias.
El rostro de Celeste se enrojeció por completo:
—No hagas eso, puede que alguien venga a buscarte.
Lorenzo la tentó:
—Complaceme y te daré una recompensa, ¿quieres?
Celeste se sorprendió, como vio que su expresión no parecía estar bromeando, sintió cierta curiosidad:
—¿Qué recompensa?
—Lo sa