—¡Soy yo! Hay alguien afuera, ¡no digas nada!
Jacob cubrió los labios de Celeste con su gran mano, mirándola fijamente con una voz muy baja.
Vestía un traje blanco, su apuesto y suave rostro se veía más delgado, con menos calidez y más frialdad.
Celeste se sorprendió.
¿Por qué él estaba aquí?
Estaban muy cerca, casi compartiendo la respiración. La cálida mano de Jacob cubría la mitad de su rostro. Celeste frunció el ceño y levantó la mano instintivamente para apartarlo.
En ese momento, se escuc