—Es verdad, acabo de pasar por el estudio oí a tu hermano y a sus subordinados hablando. Si no me crees, puedes preguntarle a él tú mismo —dijo Isabella con firmeza.
Jacob la miró por unos segundos y de pronto se levantó, caminando a grandes pasos hacia la puerta. ¡Celeste no podía ser su enemiga! Debía haber un malentendido…
Entró en el estudio abriendo la puerta de golpe. Yael, que estaba hablando con sus hombres, cortó la conversación y levantó la vista hacia la entrada.
Él vestía una camisa