Cuando abrió los ojos supo que algo importante había cambiado dentro de ella.
—No hagas ruido Aisha, que molesta eres —gruñó la voz de Talía, su compañera de habitación.
Dormía con dos lobas más aparte de ella, Talía y Sáhara.
La loba más joven entornó los ojos pero la ignoró terminando de vestirse y salió de la habitación cuando el sol aún no había salido.
—Buenos días, hermosa Aisha.
—No tengo tiempo para esto Zaider.
La loba tomó su lanza sacándola de la empuñadura y se dirigió al asentamient