Kian gruñó peligrosamente pero Dana lo ignoró
—¡No puedes hacer eso! —rugió Kian
—Es increíble lo cínico que eres —se carcajeó ella sin humor girando alrededor de su cuerpo—. ¿Crees que tienes algún derecho sobre mí cuando te casaste con otra que ahora mismo está llevando a tu cachorro? No seas absurdo.
—Dana…
—No me interesa escuchar estas estupideces. Estás aquí por otra cosa.
Él trató de calmar su histeria y furor pero eso no era algo sencillo.
No cuando ella acababa de insinuarle que su mar