Dana había estado tan nerviosa en la mañana que había terminado vomitando pero solo estar a solas con sus cachorros había sido suficiente como para calmarla. Tenía claro que necesitaba mantener la cabeza fría por ellos.
Kian había ido a buscarla e intentó tranquilizarla. No se había sentido menos nerviosa al ver a las personas que los esperaban para la convocatoria. Incluso aunque era consciente de que tenía la empatía de los Alfas.
—Gobernantes, ha llegado la hora. Tomen asiento.
Alessandro y R