—¿Dana?
—¿Estás bien?
La cercanía del Beta la hizo dar un respingo antes de girarse a mirarlo. Después de la noche anterior, Kian la había ignorado. De hecho, esa mañana cuando ella le había hablado en el comedor él solo le había gruñido antes de salir del lugar.
Dana no podía dejar de preguntarse por qué la había mordido si seguía apartándola, incluso peor que antes.
—Hola Van, estoy bien.
Él le dedica una mirada penetrante como si estuviera buscando alguna herida en su piel.
—¿Te recuperaste