El cuchillo se enterró un poco en la piel de Kian y Dana saboreó el momento de ser ella la que hubiera sometido al maldito Alfa al que odiaba.
Había escuchado sus pasos por más que intentara ser absurdamente sigiloso, irritándola. Era obvio que Kian la estaba subestimando.
De repente se dio cuenta de la mirada oscura de Kian sobre sus pechos ocasionando que contuviera el aliento al notar en la posición en la que ella misma los había puesto a ambos.
Estaba a horcajadas sobre sus piernas fuertes